Electrónica

Publicado: 24 octubre en Sin categoría

Una linterna de luz roja les había llevado hasta aquel corredor de servicio. A partir de ahí, la única luz provenía de una pequeña linterna que apenas iluminaba un pequeño segmento de un circuíto integrado. Una pequeña isla de luz en medio de la oscuridad total, isla penetrada frecuentemente por dos formas, la de un soldador y la de unas pinzas, como un cerebro electrónico sobre el que un neurocirujano, con mano firme, realiza una operación.

En aquella densa oscuridad los sonidos adquirían una calidad sólida, llenaban ojos y oídos y saturaban completamente todos los demás sentidos. Cualquier sonido -una rata, pasos- se convertía en una presencia insistente que impedía pensar. Y en esa oscuridad, alguien parloteaba.

- ¿Seguro que es aquí?
- Si.

Se oyó un chasquido eléctrico y brilló una chispa. El aire viciado se llenaba de olor a soldadura.

- ¿Pero sabes lo que te haces?
- Claro.

La segunda voz carraspeó.

-¿Ya has acabado?
-Enfoca las herramientas

Un tintineo metálico acompañó la búsqueda de una resistencia de una riñonera. El proceso duró un minuto, en el que no se oyó nada excepto el sonido de las herramientas y una maldición, pronunciada por la segunda voz.

Un chasquido. Una chispa.

-¿Crees que funcionará?
-Si.

Un chasquido, una chispa. Una rata. Tos.

-¿Tardarás mucho?
-Mh.

Un chasquido. Una inhalación profunda, que marcó el momento en que la segunda voz bajó el soldador para examinar el circuito. Un minuto de pausa.

Agua corriendo por una cañería. Un eco lejano, una rata. Un cambio de herramienta.

-¿Crees que funcionará?
-Shh…

La órden de guardar silencio fue como poner la tapa de una olla a presión.
Un chasquido, una chispa.
A partir de ese momento la oscuridad se convirtió en un velo transparente, incapaz de esconder la tensión producida por un torrente de palabras, apenas contenido por una boca cerrada.

Una rata. Una inhalación.
Con luz, la segunda voz hubiera visto los movimientos nerviosos, pero contenidos, de la primera. Las manos en los bolsillos, el desplazamiento del peso del cuerpo de una pierna a otra. Movimientos nerviosos, pero muy contenidos, por miedo a dar contra algo en la oscuridad.
El roce de una bota contra el suelo
Se podía oir en la respiración de la primera voz. Era tan intenso que casi distraía a la segunda. En un momento dado una grieta derrumbó la presa

- Oye ¿…
- Mira, yo también estoy nervioso. Pero estoy manipulando un circuíto de control del sistema energético de la ciudad, y como la cague, la ciudad entera a oscuras, o convertida en un crater humeante. Así que cállate, y apunta mejor la linterna, por la cuenta que nos trae.

Y el silencio reinó bajo la superficie de Albazetech.

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