BSO para esta entrada: House of Glass – The Warlocks – pincha para escuchar
Otra vez estamos a once de septiembre.
Por enésima vez desde hace tantos años vamos a volver a escuchar los mismos discursos gastados y las mismas tonterías por la televisión. Pero a estas alturas no importa tanto, ¿quien ve aún la televisión? La televisión está siguiendo el mismo destino que los noticiarios en el cine y los pregones en los pueblos. Aunque a estas alturas hay que sumergirse en polvorientos volúmenes de historia para entender esos dos conceptos.
Y a pesar de ello, se empeñan en seguir contándonos historietas que no pueden contar en los medios de comunicación modernos. Esos exigen una selección constante del usuario, que elije lo que quiere ver. La Ley de Objetividad, claro está, obliga a todo el mundo que utiliza la red para informarse a examinar los puntos de vista contrarios. Pero eso se aplica solo a lo escrito por otros usuarios, y nadie en la red, nadie que no esté convencido ya, accede a los discursos oficialistas sobre el once de septiembre.
Hoy en día, y por suerte, se oye hablar mucho más del 11 de septiembre de 1714 y del 11 de septiembre de 1973.
Pero en la televisión, el medio de comunicación con mentalidad de búnker, una vez mas vamos a escuchar los mismos despropósitos. La cosa es tan flagrante que ya nadie se atreve a escribir eulogias originales, y se limitan a emitir discursos viejos. En este caso, y es por cierto el más común, nos deleitan con el discurso que el embajador norteamericano pronunció en Madrid durante el décimo aniversario del 11 de septiembre.
Quien lo escuche podría pensar que fuimos naciones agredidas por la espalda, herederas auténticas de Ghandi y Martin Luther King, víctimas de la barbarie. Que los llamados terroristas no consiguieron sus objetivos. Que nuestros principios nos guiaron.
Qué discurso vergonzoso. Ni Ghandi ni Luther King hubieran aprobado la exagerada reacción occidental. Los terroristas consiguieron su objetivo, y mucho más de lo que jamás soñaron: países occidentales ejerciendo de matamoros y llenando de reclutas sus filas. Un endurecimiento del estado policial y múltiples recortes de las libertades civiles. Todo ello, claro, a favor de una clase.
Hicieron falta dos crisis económicas (una severa, la otra catastrófica), un sobrecogedor revés militar y un periodo de caos para que muchos se dieran cuenta de un sencillo hecho: Cada uno es responsable de la realidad alrededor suyo, uno no puede delegar su destino en alguien que vive en una capital, y decide, en un despacho, sobre los cultivos de soja en la región de Wenzhou. Y así comenzaron las cooperativas.
Periodos duros, de carencias y miedo, pero que dieron lugar a la que considero la ciudad natal de mi segundo nacimiento, AlbaZetech.
Hay quien está con las cooperativas y quien no, pero a todas luces el mundo ha cambiado. La mentalidad de la democracia representativa, es decir “que me gobiernen otros, que yo me dedico a mis cosas”, se derrumbó en la mente de muchos como un castillo de naipes y muchos se vieron enfrentados a la experiencia directa de sus vidas. Muchos descubrieron no saber gestionar lo que estaba a su alrededor, no saber tratar con el vecino, coordinarse o resolver conflictos con él. Pero aprendieron.
El resultado no fue un mundo utópico, como algunos predecían. Eliminamos una serie de viejos problemas, para dar lugar a una serie de problemas nuevos, mezclados con correosos problemas viejos. El ser humano no cambia rapidamente, y la ley de hierro de la oligarquía sigue estando ahí. Pero a todo el mundo le pesa menos el culo, unos a servir a quienes les pagan, otros a gastar parte de su tiempo interesándose y cuestionando a los que gobiernan. Ley de hierro sigue ahí pero ya no es de acero. Se quiebra antes.
Sigue siendo dificil tratar con el vecino, pero ya nadie dice que el infierno son los demás.
Todos tenemos que trabajar más, y todo el mundo asiste a reuniones aburridas. Todos hacemos trabajo administrativo, y todos, tareas físicas. ¿es más aburrido? ¿tenemos menos bienes de consumo? Si, pero también somos más humanos, en todos los sentidos.
Pero no cabe engañarse. Creemos que la civilización humana, por haber durado más que un enorme múltiplo de nuestras vidas es sólida. Nos engañamos y pensamos que es eterna. No nos damos cuenta que es un Icaro que escucha a medias las advertencias de su padre, y que, como animales que somos, siempre estamos a un paso de la caída de la civilización, y la vuelta a los sistemas y las normas de la naturaleza.
La civilización es una casa hecha de cristal. Y quizá sea esa la idea principal que se repite hoy en día: Si vives en una casa de cristal, no tires piedras. Por mucho beneficio que te aporten.
